jueves, 18 de octubre de 2007

LA PAULATINA DESAPARICION DEL CUARTO PODER

Por Guillermo Giacosa

Aunque los medios de comunicación han sido siempre, en teoría al menos, un recurso de los ciudadanos para evitar los abusos del poder, hoy es posible que esa figura se invierta y que el poder político (si es realmente democrático) tenga que transformarse en un recurso para proteger a los ciudadanos y a la sociedad contra los abusos de los medios de comunicación.
En la actualidad los medios masivos tienden a agruparse en gigantescas corporaciones con vocación planetaria. Algunos de los dueños de las comunicaciones en el mundo actual son: New Corps, Viacom, AOL Time Warner, General Electric, Microsoft, Bertelsmann, United Global Com, Disney, Telefónica, RTL Group, France Telecom, etc. Todas estas empresas, gracias a la revolución digital, han superado las barreras que antes separaban las tres formas tradicionales de comunicación:sonido, escritura e imagen. Desde entonces –analiza Ignacio Ramonet- “las empresas mediáticas se ven tentadas de conformar ´grupos´ para reunir en su seno a todos los medios de comunicación tradicionales (prensa escrita, radio, televisión), pero además a todas las actividades de lo que podríamos denominar los sectores de la cultura de masas, de la comunicación y de la información. Estas tres esferas antes eran autónomas: por un lado la cultura de masas con su lógica comercial, sus creaciones populares, sus objetivos esencialmente mercantiles; por el otro, la comunicación, en el sentido publicitario, el marketing, la propaganda, la retórica de la persuasión; y finalmente, la información con sus agencias de noticias, los boletines de radio o televisión, la prensa, los canales de información continua, en suma, el universo de todos los periodismos”.
Estas megaempresas están en condiciones de comprar los sectores mediáticos en diferentes países y presionan constantemente a los gobiernos para que anulen las leyes que impiden las concentraciones o impiden la constitución de monopolios. Medios para presionar no les faltan. Sino es el dinero será la insidia lanzada desde los medios de comunicación que dominan y que hoy pueden calificar de dictador a cualquier gobernante democrático que obstaculice sus designios, destrozar planetariamente una reputación, encumbrar a un débil mental a la categoría de genio o inventar enemigos imaginarios para asustar a la población con el mismo éxito que lo han hecho recientemente en los EEUU.
Estas megaempresas son “por su peso económico y su importancia ideológica, los principales actores de la globalización liberal”. La prensa que surja de estas corporaciones no será, seguramente, la prensa que defienda al ciudadano común de los abusos del poder, sino que será una prensa destinada a defender el orden que les permite seguir prosperando, aunque ese orden conduzca a aumentar la desocupación y la pobreza.
Un recurso de los ciudadanos debería ser, a la inversa de lo que antes ocurría, poder acudir al poder democrático para denunciar las mentiras que se esparcen universalmente contra los derechos elementales de todos los seres humanos.
Digo “debería ser” porque en la práctica el cada vez más pequeño poder político depende del cada vez más grande poder mediático y nadie, por democrática que haya sido su elección, tiene interés en suicidarse. Como se sabe funcionario que abdica ante la prepotencia del poder económico siempre sirve para otra elección

Lima, marzo del 2006

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